Bogotá, D. C.
CITACION Y EMPLAZAMIENTO AUTOAPERTURA PARD NNA MICHEL DAYANA GONZALEZ BAEZ
ICBF fortalece su equipo directivo con la posesión de tres nuevos funcionarios
La directora general del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), María Carolina Restrepo, posesionó tres integrantes de su equipo directivo, quienes asumirán responsabilidades estratégicas para fortalecer la gestión institucional y avanzar en las acciones orientadas a la protección integral y la garantía de los derechos de la niñez, la adolescencia y las familias del país.
Como secretario general asumió Daniel Vásquez Franco, abogado especialista en Derecho Financiero, con más de 25 años de experiencia en los sectores público y privado. Su trayectoria incluye cargos directivos en los sectores financiero y de vivienda. Además, durante 25 años ha ejercido como docente universitario en la Pontificia Universidad Javeriana.
A la Subdirección General llegó Silvia Catalina Uribe García, abogada, magíster en Derecho y especialista en Derecho Laboral y Relaciones Industriales, y en Ciencias Penales, y Criminológicas. Uribe García fue fiscal delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá y de la Dirección Especializada contra la Corrupción. También fue asesora de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos. Cuenta con 15 años de experiencia como abogada litigante y más de 13 años como docente universitaria.
Por su parte, Omar Germán Mejía Olmos asumió como jefe de la Oficina Jurídica. Es abogado, magíster en Derecho de la Contratación Pública y especialista en Derecho Administrativo, con experiencia en entidades como la Contraloría General de la República, las superintendencias de Industria y Comercio y de Notariado y Registro, el Ministerio de Justicia y del Derecho, Colombia Compra Eficiente y la Defensoría del Pueblo.
Con estas posesiones, el ICBF empieza a fortalecer su equipo directivo con perfiles de amplia experiencia para afrontar los retos institucionales y mantener en el centro de su gestión la protección de la niñez y la adolescencia, y el fortalecimiento de las familias.
Ciudadanía y aliados del ICBF donan más de 28.000 productos para las familias afectadas por el temblor
Más de 28.000 productos donados por la ciudadanía y aliados del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) han sido recibidos y entregados en los departamentos del Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y Chocó, como parte de las acciones de atención y acompañamiento a la niñez, adolescencia y familias afectadas por el temblor registrado el pasado 10 de agosto.
Las donaciones incluyen productos de aseo personal, calzado, elementos para el hogar, artículos de protección personal, pañales, ropa, maletas, juegos, entre otros elementos destinados a atender algunas de las necesidades identificadas en las zonas afectadas.
Estas ayudas han sido entregadas por personas naturales y jurídicas, así como por aliados del ICBF, quienes solidaria y voluntariamente decidieron poner sus recursos y productos a disposición de las familias damnificadas. Los elementos son recibidos y canalizados por el Instituto para que, a través de sus equipos desplegados en territorio, se entreguen a los damnificados.
El ICBF destaca y agradece la solidaridad de la ciudadanía y de las organizaciones que se han sumado con las contribuciones para fortalecer la atención dirigida especialmente a la niñez, adolescencia y sus familias que atraviesan esta emergencia.
Deisy Guanaro: del dolor de la guerra al compromiso de proteger a la niñez
Diecinueve años después de salir del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Deisy Dorelly Guanaro Chavita vuelve a cruzar las puertas de la entidad que la recibió cuando era adolescente, pero esta vez, lo hace desde un lugar completamente distinto. Llegó entonces como una niña desvinculada de un grupo armado, profundamente afectada física y emocionalmente por las violencias que sufrió durante el conflicto.
Hoy regresa al ICBF con una convicción que repite a lo largo de su historia: «Ya no soy víctima. Soy una mujer sobreviviente». Ahora quiere convertir su experiencia en una herramienta para prevenir que la niñez y la adolescencia sean víctimas de reclutamiento.
Su paso por el Sistema de Protección duró cerca de cuatro años. Primero estuvo en un hogar transitorio y posteriormente en una casa hogar en Floridablanca, Santander, donde estudió hasta noveno grado, adelantó formación técnica y recibió acompañamiento médico y psicosocial. De esa época guarda gratitud hacia profesores, psicólogos y trabajadores sociales, especialmente hacia educadores como Benjamín y José Luis, a quienes recuerda porque le enseñaron a creer nuevamente en ella y a levantarse.
Su historia, sin embargo, sigue encontrando eco en la realidad de la niñez y adolescencia afectada por el conflicto armado. Entre enero y junio de 2026, el programa especializado del ICBF para la atención de quienes se han desvinculado de grupos armados ha atendido a 483 menores de edad, de los cuales, 211 ingresaron al programa: 118 hombres y 93 mujeres.
Atención especializada
Detrás de esas cifras hay historias como la de Deisy, marcadas por la separación de sus familias y la necesidad de reconstruir proyectos de vida.
Por eso, su mirada sobre la atención también es crítica: considera que quienes llegan después de experimentar la guerra necesitan, además de educación y atención especializada, comprensión, cercanía y humanidad. «Son niños arrancados de sus familias», recuerda al hablar de aquello que quisiera ayudar a mejorar.
La guerra no atravesó solamente su infancia, marcó a su familia. Deisy cuenta que varios de sus hermanos murieron en medio de la violencia; dos de ellos, según su testimonio, fueron reclutados a los 14 años y posteriormente asesinados, mientras una de sus hermanas desapareció y su familia aún desconoce dónde están sus restos. Al salir del ICBF también emprendió la búsqueda de su madre y solo logró encontrarla doce años después; al poco tiempo, relata, ella murió.
«Prácticamente, a mi familia la acabó la violencia», afirma. Hoy, cuando habla de las personas cercanas, habla principalmente de sus hijos. Ellos, dice, son el motor para intentar dejar un país diferente al que conoció cuando era niña.
¿Qué le diría hoy a aquella niña que alguna vez fue?
Quizá el momento más sensible de su relato aparece cuando imagina qué le diría hoy a aquella niña que alguna vez fue. Durante años, asegura, sintió vergüenza e incluso llegó a responsabilizarse por lo que sufrió. Con el tiempo comprendió que la culpa nunca había sido suya. «Le diría a esa niña, primero, que la perdono, que no se juzgue tanto», expresa.
Ese proceso de reconciliación consigo misma le permitió cambiar la manera de contar su historia: dejó de verse únicamente desde lo que le hicieron y comenzó a reconocerse desde lo que consiguió construir después. «Soy una mujer sobreviviente que transformó ese dolor en amor, para trabajar por los demás», asegura Deisy.
Trabajo desde los territorios
Esa experiencia es ahora la base de lo que quiere aportar a la prevención del reclutamiento. Deisy propone trabajar directamente en los territorios, junto con comunidades, organizaciones, profesores, familias e instituciones del Estado, para detectar tempranamente las señales de riesgo. También advierte que las formas de captación han cambiado y que las redes sociales pueden convertirse en escenarios utilizados para acercarse a niños mediante mensajes asociados con dinero, joyas o una falsa idea de poder y éxito.
Pero sostiene que prevenir exige mucho más que campañas, significa llevar oportunidades reales a los territorios mediante educación, cultura, arte y deporte. Su propuesta se resume en una frase que condensa buena parte de su experiencia: «Enamoremos a los niños de un balón y no de un fusil».
Ahora, desde su nuevo rol orientado a apoyar la prevención del reclutamiento de la niñez y adolescencia, Deisy quiere que su historia sirva para evitar que otras infancias recorran el mismo camino. Cuando piensa en quienes todavía permanecen vinculados a grupos armados, les recuerda que no escogieron esa guerra y que existe la posibilidad de construir otra vida. «Ustedes no hacen parte de una guerra que no les pertenece», sostiene.
Su regreso al ICBF es el comienzo de una nueva historia profundamente humana, hace 19 años salió de la Institución para enfrentarse al mundo después de haber necesitado protección; hoy vuelve desde otro lugar, con una vida construida y la experiencia convertida en propósito, para acompañar a quienes atraviesan caminos que ella conoce de cerca; para demostrarles que después del miedo, también es posible volver a empezar. Desde ese nuevo lugar, su mensaje para quienes algún día crucen las puertas del ICBF es sencillo y poderoso: «Aquí los estaré esperando, con los brazos abiertos».
ICBF Regional Bogotá celebra la niñez indígena con un encuentro de cultura, identidad y saberes ancestrales
Con música, saberes ancestrales, actividades culturales y espacios de encuentro, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Regional Bogotá, conmemoró el Día de la Niñez Indígena, en una jornada que reunió a niños pertenecientes a diferentes comunidades indígenas asentadas en la capital del país.
El encuentro, realizado en la sede de la Regional Bogotá, se convirtió en un espacio para reconocer la diversidad cultural de los pueblos indígenas y reafirmar la importancia de que la niñez y adolescencia puedan crecer en entornos que respeten y fortalezcan su identidad, sus tradiciones y sus formas propias de comprender el mundo.
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la armonización liderada por un Taita de una comunidad indígena, quien compartió con los participantes un espacio de conexión espiritual y cultural. De acuerdo con las tradiciones de los pueblos indígenas, la armonización es una práctica ancestral orientada a buscar el equilibrio entre la persona, la comunidad, la naturaleza y el entorno, mediante conocimientos y elementos propios de cada pueblo.
“Para el ICBF es fundamental que la protección integral de la niñez también implique reconocer y respetar sus raíces, su cultura y sus saberes ancestrales. Hoy estamos celebrando la vida, la identidad y la diversidad de la niñez indígena que habita Bogotá, escuchando sus voces y generando espacios donde puedan sentirse reconocidos y orgullosos de sus comunidades”, afirmó Fabio Martínez, director regional (e) del ICBF Regional Bogotá.
Para el ICBF conmemorar esta fecha significa también avanzar en la garantía de sus derechos desde un enfoque diferencial y étnico, reconociendo las particularidades de cada pueblo y promoviendo acciones de protección integral que respeten sus prácticas culturales, sus autoridades, sus territorios y sus formas propias de organización.






















